
Históricamente, el derecho a la tierra ha estado relacionado con la fuerza, la violencia, la muerte…casi nunca con negociaciones pacíficas…se me ocurre pensar en Juan de Garay, Julio César, o la campaña al desierto…
Y es que el acceso a la tierra, ya sea para satisfacer necesidades básicas, de alimento, vivienda, y por otro lado, su usurpación con fines imperialistas, se relaciona con la supervivencia en el primer caso, y con el dominio sobre el otro, en el segundo. Quien controla la propiedad del suelo, obviamente controla todo lo demás. Por otro lado, el hombre, históricamente, se ha desplazado en busca de recursos. Así nos constituimos como especie.
Lamentablemente debido a nuestro sistema económico predominante, y no por designio divino, siempre habrá excluidos. De tierra, de vivienda, de recursos en general. De lo contrario, ¿quién haría los peores trabajos en las peores condiciones? La inmigración que llega de los países limítrofes, la cual aumentó en la Ciudad de Buenos Aires desde la década del 90, llegó al páís en el marco de una economía neoliberal que necesitaba flexibilizar las condiciones de trabajo. También para su utilización con fines de trata de personas, en talleres de costura clandestinos y para sus prostíbulos.
Claro que al sistema solo le preocupa la mano de obra mientras está ocupada, no que hace después… No le interesa resolver sus problemas de vivienda, su status sanitario, etc. Tampoco al resto de la sociedad que necesita mucamas, albañiles, prostitutas, y ropa barata.
El “avance villero”, al que le teme el PRO, es una mirada social inquietante de la sociedad. Una mirada de una clase social hacia otra que intenta demonizar la marginalidad, para lucrar con ella, para desentenderse de ella como residuo, y de paso para recortar lo que considera “gastos sociales”.
Una mirada, que por otro lado no debe sorprendernos, dada la trayectoria del gobierno de Macri hasta el momento. Lo que ahora debemos resolver como ciudadanos es que respuesta estructural encaramos como sociedad. Si lo resolvemos al modo europeo y norteamericano, con racismo y salvajismo. O si por el contrario profundizamos las políticas de inclusión social del gobierno nacional.
Incipientes e insuficientes, pero por algo se empieza.
Si lo pensamos en términos de inclusión los extranjeros no existen. Todos somos seres humanos. Y ningún ser humano puede ser considerado ilegal.
Para profundizar este modelo de inclusión, y hace más de un mes, una multitud llenó Plaza de Mayo.
Y antes que nada, en Villa Soldati, hubo tres muertos, y tal vez, se me pasó pero no escuché a ningún responsable político expresar sus condolencias.
Del Gobierno de la Ciudad y del Gobierno Nacional, porque a esta situación, la Ciudad no llegó sola.
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